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EJERCICIOS ESPIRITUALES EN ZARAGOZA

Movidos por la buena experiencia del año pasado de proponer tandas interprovinciales de Ejercicios, tuvimos la tanda organizada en Zaragoza entre el 31 de Enero y el 4 de Febrero. La cita era en la conocida casa de Quinta Julieta y el momento la tarde del 30 de enero. Allí nos presentamos puntuales, por lo tanto, los 49 misioneros apuntados para los Ejercicios y el que iba a ser nuestro Director en esos días: el P. Pedro Duarte, paraguayo de la Provincia de Argentina y actualmente Director del Seminario Interno Interprovincial del Cono Sur (Argentina, Chile y Perú)

Ya desde el comienzo, se nos planteó el eje central que iba a determinar todas nuestras reflexiones: la búsqueda de la conversión para mejor responder a nuestra identidad vicenciana. A partir de ahí, y teniendo presente el Documento final de nuestra última Asamblea, nos adentramos en nuestra vocación y revisamos nuestra vida, analizamos los niveles de nuestra identidad y nos centramos en nuestra dimensión carismática, miramos a nuestra condición humana y nos abrimos a la gracia de Dios, nos sentimos llamados a la experiencia de desierto y nos preparamos para la prueba desde la comprensión de Dios como Padre.

Con hablar sosegado y brevedad en la exposición (de treinta minutos cada una) el Director orientaba nuestros pasos en todo ese caminar. Nos facilitaba, además, textos sugerentes de nuestro Fundador o de otros autores que iluminaban después nuestra reflexión personal y nos abrían a nuevas perspectivas.

Muchos otros elementos apoyaban la densidad de nuestros Ejercicios. Así, las meditaciones matutinas nos presentaban textos escogidos de San Vicente que nos centraban en el alcance de nuestra vocación y nos recordaban los caracteres de nuestra misión. La Liturgia, tan cuidadosamente preparada por el P. Julián Arana, estimulaba nuestro orar con abundancia de cantos bien entonados y un material muy práctico. Las Eucaristías, presididas cada día por miembros de las cuatro Provincias, centraban cada tarde el tema de la jornada a la luz de las lecturas que se habían proclamado. Resultó todo, de ese modo, equilibrado y sencillo.

Una incidencia contribuyó también al tono de los Ejercicios. Por una avería en la red pública municipal, faltó el agua los dos primeros días. Pero, como en situación semejante en Caná, esa circunstancia, que podía haber devenido en malestar, resulto ejemplar. Todos los ejercitantes sufrimos con elegancia el contratiempo y las propias monjas de la Casa quedaron edificadas por la reacción comprensiva de los misioneros.

Esto supuesto, resulta obvio apuntar que el buen ambiente y la extraordinaria convivencia fueron manifiestos. Los saludos entre compañeros que hacía hasta 40 años que no coincidían menudearon y alegraron a todos. A lo mejor por eso se rompía un poco el clima de silencio. Pero no mucho, y quedaba compensado por el bálsamo de la amistad revivida.

Nos despedimos alegres el sábado por la mañana. Agradecimos mucho al P. Pedro Duarte su presencia entre nosotros y la preparación cuidada de los temas. Y regresamos contentos a nuestras casas y ministerios reconfortados por el espíritu del Señor y animados por la convivencia fraterna entre nosotros.

S. Azcárate Gorri