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Carta para la Campaña de la Misión de Honduras

 

CONGREGACIÓN DE LA MISIÓN DE S. VICENTE DE PAÚL

 C/. Misiones, 9 (Casablanca) ‑50009 ZARAGOZA (España)
Teléf. 976 56 41 00 ‑ Móvil 630 OS 36 10 ‑ Fax 976 56 35 29
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 EL VISITADOR

Queridos Padres y Hermanos:

 La gracia del Señor esté siempre con nosotros.

 

20 de noviembre de 2002

 A los misioneros y comunidades de la Provincia

 Durante los últimos años, en torno a estas fechas, me vengo dirigiendo a todos vosotros para motivar la celebración de la Campaña de nuestra Misión de Honduras.

 A sugerencia de nuestros misioneros en Honduras, el tríptico que distribuiremos en todas nuestras obras en la próxima Campaña, se estructura en torno a cuatro centros de interés: nuestro mensaje; nuestra comunidad; nuestro servicio; nuestro compromiso. Núcleos éstos, a su vez, de la reflexión del CELAM (Comité Ejecutivo de las Conferencias Episcopales de América Latina): "El tercer milenio como Desafio Pastoral". Permitidme reflexionar sobre ellos con todos vosotros.

 1: Nuestro Mensaje: Jesús, el Cristo, es vida plena para todos

 Toda acción pastoral proclama a Jesús, el Cristo, mediante la palabra, el gesto y el testimonio personal y comunitario. Este es nuestro gran mensaje, nuestro Evangelio. Atendiendo a los grandes retos que enfrentan los países de América Latina, la Nueva Evangelización ha de promover de manera prioritaria la cultura de la vida, reconociendo a Dios como su único Autor y procurando que todos, sin excepción alguna, la tengan en abundancia.

 Concretamente, una vida plena para todos significa el derecho a nacer (la patemidad y la maternidad responsable dentro de una sociedad que la facilita y la hace respetar), el derecho a vivir (la satisfacción de las necesidades básicas para llevar una vida digna que merezca el nombre de humana: alimentación, trabajo, educación, salud, vivienda y descanso), el derecho a convivir (en la verdad, lajusticia, la libertad y la paz), y el derecho a creer y tener esperanza (el respeto por la fe que otorga el sentido de la vida).

 2: Nuestra comunidad: Una comunidad reconciliada

 La fe en Cristo Jesús se vive en plenitud en la comunidad. La vida cristiana es para vivirla en comunidad: "Como tú, Padre, en mi y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado".

 Nuestras comunidades han de ser un ejemplo vivo de reconciliación entre sus miembros y con la sociedad: superando todo ambiente de polémica que tan sólo conduce a radicalizar posturas; aprendiendo a dialogar con franqueza (decir las cosas) y con humildad (saber escuchar al otro y esforzarse para comprender su punto de vista) porque lo verdaderamente valedero es buscar entre todos la voluntad de Dios; sabiendo perdonar para no quedar encarcelados en situaciones del pasado y abrirnos a la novedad del futuro.

 Lo que está en juego es mucho: nada menos que nuestra credibilidad frente a la sociedad.

 3: Nuestro servicio: La defensa de los marginados

 Sólo la superación de las situaciones de marginación asegura una sociedad justa y fratema.

 Nuestro servicio "no responde a cálculos políticos, ni siquiera a conclusiones científicas, sino que es simplemente, y nada menos, una estricta coherencia con la fe que profesamos: Dios es Padre de todos sin excepción y creemos profundamente en la igual dignidad de todos los hombres y de todas las mujeres que habitan nuestros países. Por ello, constituye una obligación de fe para nosotros defender siempre y en todo lugar al marginado y promover el respeto por sus inalienables derechos mediante su integración en la sociedad".

 4: Nuestro compromiso: solidaridad

 La primera comunidad cristiana vivía unida y tenia todo en común: "vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno". Ciertamente ha cambiado el contexto social, pero sigue la necesidad imperante de la solidaridad como signo de un amor auténtico hacia el otro.

 Los países de América Latina agradecen la generosa solidaridad que ha bendecido a aquellas Iglesias con la presencia de tantos sacerdotes, consagrados y laicos provenientes de otros continentes. También la ayuda financiera que ha permitido consolidar la acción pastoral.

 Existen muchos gestos solidarios dentro de la Iglesia, pero jamás será suficiente. Es preciso seguir creciendo en la generosidad y en la creatividad para ser auténticos testigos de la caridad.

 Estos cuatro centros de interés, planteados por nuestros misioneros en Honduras, en sintonía con sus Iglesias locales de América Latina, como respuesta pastoral al comienzo del nuevo Milenio, ¿no os parecen un buen proyecto para renovar nuestra propia acción pastoral y nuestro compromiso misionero?

 Con el deseo de que nuestra próxima Campaña de la Misión de Honduras contribuya a dotar de un renovado dinamismo misionero a todos nuestros ministerios, quedo affmo en San Vicente.

 S. Azcárate Gorri, C.M.
Visitador