C.M. Prov. de Zaragoza

La C.M.La ProvinciaGobierno Provincial MinisteriosCasasNoticiasFormaciónPastoral Vocacional


La Familia Vicenciana

Asociación
Internacional
de Caridades
(AIC)

Congregacion
de la Misión
(CM)

Hijas
de la Caridad (HH.CC.)

Asociación de la Medalla
Milagrosa
(AMM)

Juventudes Marianas Vicencianas
(JMV)

Sociedad de San Vicente
de Paúl
(SSVP)

Amve

Feyda

Experiencia Pastoral en Albacete, verano 2007

Tras el paréntesis estival, se abre un nuevo Curso cargado de ilusión y nuevos retos. Es el momento también de hacer balance del año anterior. Como sabéis por propia experiencia, la vida de un seminarista se compone de oración, trabajo y formación principalmente. Dentro de la formación, además de los estudios y de otras actividades ofrecidas en la Provincia en la Rato Formationis, se ofrece la experiencia pastoral, que va configurando al candido para afrontar los retos con los que se encontrará el día de mañana en el ejercicio del Ministerio Ordenado.

Es para mi una alegría, haceros a todos partícipes de mi experiencia pastoral en Albacete este verano. Y ello por un doble motivo: por la gran experiencia que para mi ha representado el aprender a conocer, amar y servir al hermano necesitado; y por la gran oportunidad que se me brinda de comunicároslo a todos vosotros, mis hermanos mayores que me habéis precedido por estos mismos derroteros por los que yo transito ahora, y que me enseñáis día a día en el trato y en el ejemplo.

Se me pidió que fuera a ayudar al Campo de Verano que la Provincia propone en la Comunidad de  Albacete, a los que aprovecho para saludar desde aquí y agradecer toda la solicitud y paciencia que tuvieron para conmigo. Allí desarrollé varios campos de acción, que paso a enumerar a continuación.

Primeramente, acompañé al P. Javier López a hacer el  Camino de Santiago, junto a cinco presos y tres funcionarios del Centro Penitenciario “La Torrecita”. Fuimos en una furgoneta hasta Sarria, en Lugo, y de allí, caminando unos 20-25 Kms. Diarios, pasamos por Ferreiros, Portomarin, Palas do Rei, Melide, Arzúa y Santiago de Compostela. Solíamos levantarnos sobre las seis de la mañana, desayunábamos zumos y galletas que habían traído de la prisión, y sobre las siete nos poníamos en camino, dado que debíamos llegar antes de las doce al albergue, hora en el que se abría y pillar así sitio para todos. Nos duchábamos, comíamos, descansábamos un poco, y por la tarde, comentábamos un dossier preparado a tal efecto por el P. Javier, en el que recibíamos formación en valores, departíamos acerca de la caminata y la experiencia de esa mañana, y afrontábamos los “retos” del camino y de la vida de cada uno.

 Aquí quiero hacer notar el enorme progreso que se dio en el grupo. De la primera tarde de reflexión, en el que los internos se negaron a hablar escudándose en que su vida era privada; a la manera en que se fueron abriendo y soltando, al ver que nadie los prejuzgaba ni les quería someter, sino tan solo ayudar y apoyar. Además, se dieron cuenta de que su mundo no eran sólo las cuatro paredes de su celda o del patio, sino que se les abría todo un mundo que les esperaba para darles una nueva oportunidad. Durante la mañana, caminaban con gentes muy diversas, con inquietudes diferentes, compartiendo cansancio, calor o lluvia, y lo que cada uno llevara en su mochila o en su corazón. Nadie los miraba reacios o les evitaba, sino al contrario. Nadie tampoco los trataba como seres inferiores. Cuando ellos vieron que recibían ayuda de los demás, o vieron que ellos también eran capaces de brindar ayuda a sus semejantes, se les abría un mundo que ellos tenían olvidado o guardado en lo más recóndito de su corazón, y se fueron animando y superando el lógico recelo inicial. Un grupo de lo más heterogéneo el primer día, se volvía paso a paso, kilómetro a kilómetro, cada vez más compacto.

En mi mente y en mi corazón, guardo experiencias, conversaciones, y las caras de cada uno de ellos: Pedro, Luis Delio, Paco, Manuel, Juan, Angel, Ramón, Marcial. A todos ellos, que el P. Javier supo ir moldeando día a día, mi gratitud por lo que, sin saberlo ni poderlo imaginar, me han enseñado y me han hecho vivir.

La siguiente experiencia la desarrollé en el barrio alabaceteño de “Las Seiscientas”. Es un barrio marginal, gitano predominantemente, en el que las incansables trabajadoras Hijas de la Caridad están establecidas, para servir, amar y tratar de dar soluciones a problemas que incluso las Administraciones Locales o Estatales se ven en muchos casos desbordadas o incapaces de hacer frente: Absentismo escolar, delincuencia, droga, inmigración, falta de sanidad o de transporte público…

Uno de los proyectos que tienen las Hijas de la Caridad es el denominado ALCA (Alternativa a la calle). Se trata de formar a muchachos de 16 a 18 años, con bajo o casi nulo nivel académico, para crearles unos hábitos de horarios, trabajo y formación humana y cristiana que los capacite para tener una salida en un futuro: Pedagogos, mediadores interculturales, logopedas, trabajadores sociales…se encargan de trabajar mano a mano con las Hermanas, Sor Josefa y Sor Encarna al frente, para poder desarraigarlos de los problemas “estructurales” del barrio y ofrecerles un futuro en garantías.

Otro de los proyectos se llama Proyecto Infancia, y va destinado a niños  de 13 a 16 años, con un perfil similar a los jóvenes que ya he explicado: clases particulares y de refuerzo, informática, piscina…y a los que les reparten unas bolsas de comida para llevar a sus hogares.

 Proyecto Pisos de Inmigrantes. Son tres viviendas en los antiguos edificios de la RENFE, en el que las Hermanas acogen a 18 inmigrantes subsaharianos , 6 camas por piso: Senegal (1º izquierda), Burkina Faso (1º derecha) y Mali (3º derecha). También con ayuda de papeleo y trámites de documentación y arraigo, comida y productos de limpieza, clases de español, etc.

Las Hermanas tienen allí un taller destinado a la formación de jóvenes amas de casa de etnia gitana, en el que se les forma para saber llevar un hogar, maternidad, ropero y para autoconcienciarse y valorarse como mujer.
 
Por último, citaros el único proyecto en el que no intervine, pero que sepáis del mismo, un piso de acogida de menores, en el que dan cobijo a cuatro niñas tuteladas.

A todo ello, añadir que asistía una vez cada quince días a la reuniones del “Colectivo de Inmigrantes de Albacete”, en el que se trataban diversos temas relacionados con dicha problemática, y se estudiaba de qué manera se podía hacer presión ante los órganos oficiales, como es el caso de las reuniones mantenidas con la Defensora del Pueblo.
 
A las Hijas de la Caridad y trabajadores de todos estos proyectos, quiero enviarles un caluroso saludo y mi agradecimiento por su ayuda y por todo o que me han enseñado.

Por último, quisiera hacer mención de tantos rostros de los habitantes de los barrios de La Estrellay de Las Seiscientas; de los presos con los que compartía las Eucaristías de los viernes por la tarde en la prisión, así como de los niños e inmigrantes, que me han ayudado a madurar y a abrazar más fuertemente mi vocación de seguir a Cristo evangelizador de los pobres.  

Joaquín Estapé García C.M.
Baracaldo, Septiembre del 2007.