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ORDENACIÖN Y PRIMERA MISA
DE OSCAR H.GONZÁLEZ

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La Pascua florida ha traído de su mano la ordenación sacerdotal de Oscar Héctor González Gutiérrez, en la parroquia de Santo Domingo de Guzmán de la tinerfeña Villa de la Orotava. No recordaban los villeros otro acontecimiento similar y existía ya en la víspera un ambiente de emocionada expectación.

Presidió la celebración, el sábado 14 de Abril, el obispo de la diócesis nivariense D. Bernardo Álvarez acompañado por cerca de 50 concelebrantes (entre ellos 27 sacerdotes en su mayoría diocesanos y el resto de la Congregación). Rayco, villero de nacimiento y Hernán, que pronto serán llamados al Orden del Diaconado estuvieron sirviendo en el altar. Hubo numeroso grupo de Hijas de la Caridad y de religiosas como las Hermanas de Marta y María. Asistieron también autoridades de la Corporación Municipal con su alcalde D. Isaac Valencia.

La Iglesia estaba llena. Es de destacar la presencia de un numeroso grupo de jóvenes cristianos, excelentes compañeros de Oscar, siempre amigo de sus amigos. La parroquia de Santo Domingo estaba preparada con la elegancia y los signos con que los tinerfeños saben realzar lo que emotivamente celebran su fe. Un coro de guitarras y otros instrumentos compuesto por amigos de Oscar acompañó la parte musical.

La familia de Oscar Héctor interiorizaba con emoción la petición que el P. Corpus como visitador dirigió al Obispo, tras hacer una breve síntesis de los principales acontecimientos de la vida de Oscar. La letanía de los santos, postrado en tierra el elegido, puso emoción antes de la imposición de manos del Obispo y de cada uno de los sacerdotes con el ruego al Padre “que confiera a este siervo tuyo la dignidad del Presbiterado”  

Yolanda, madre de Oscar entregó al Obispo la estola y casulla y Carlos y Ruth, sus hermanos, la patena y el cáliz. Toda la familia con la misma unión en la vida que en la celebración, vivía intensa y emocionalmente este momento clave en la trayectoria de Oscar Héctor. No faltó nadie porque en el recuerdo y en el corazón estaba Oscar, su padre, por el que todos pedíamos o mejor, sentíamos su intercesión por el hijo y por todos nosotros.

El Obispo recordó al recién consagrado que al decir “¡presente!” se hacía verdadero representante pero con la real presencia de Jesús, el Señor. Le recordó que este era su tiempo, y él, elegido para llevar la liberación a quienes hoy están esclavizados. Agradeció a la Congregación y a las Hijas de la Caridad su entrega en la diócesis y a la Iglesia resaltando el carisma vicenciano en diversos momentos así como la vocación a la que había sido llamado Oscar Héctor.

Transcurrió toda la celebración con el mismo espíritu y una intensa alegría. Antes de concluir, la parroquia de Santo Domingo le entregó un cirio lleno de significado, mitad recuerdo mitad compromiso vital o mejor un recuerdo-compromiso de no apagar o de encender diligentemente si se apagara.

El día 15, Domingo, a las 12 de un mediodía pascual, luminoso en azul y flores, entró Oscar Héctor en la Iglesia de su pueblo natal, Santa Úrsula, también en el norte de la isla de Tenerife. A estas tierras, los guanches la llamaban Chimaque, es decir “fuente de vida” y en su Iglesia recibió Oscar Héctor el agua viva del Bautismo, su primera Comunión y la Confirmación.

La llamada de Dios era visible y hasta escuchada por una Iglesia completamente llena, preciosa. Nos hicimos presentes 16 sacerdotes. También las autoridades municipales y entre todos los feligreses la Hermandad del Santísimo que antes de la bendición acompañó bajo palio la custodia con el Señor que portaba Oscar.

Presidió Oscar en su pueblo natal y habló con una soltura impropia de un primer celebrante. Y como el Señor es benevolente, quiso que Oscar Héctor fuera profeta en su tierra. El Evangelio de las dudas de Tomás le sirvió para prevenirnos ante una sociedad que cuenta, mide y quiere tocar. Oscar, al igual que en La Villa de la Orotava fue cálidamente agradecido con todos; nadie que sin sentirse reconocido por él.

Quiero resaltar la cercanía, la fraternidad y la colaboración del clero diocesano manifestada expresamente de palabra y hecho en las celebraciones.

Terminada la primera Misa el Ayuntamiento de Santa Úrsula ofreció un convite a todos los asistentes. En verdad los ayuntamientos de La Villa y Santa Úrsula supieron valorar y estar cercanos a Oscar y familia.

Aún por la tarde, Oscar volvió a La Orotava para presidir su segunda Eucaristía. El Corro del Liceo Taoro, donde él había participado años atrás quiso cantarle su segunda Misa. Me queda el “Jesús alegría de los hombres” de Bach, magníficamente cantado, como recuerdo de dos jornadas intensas, inolvidables, por lo que se celebraba y también por el fervor y la amistad con que Oscar y familia nos atendieron.

Felicidades a ellos y que gocemos con su ministerio.

Felipe García Olmo, C.M.