C.M. — Prov. de Barcelona

 

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de Paúl
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Amve

Feyda

 

ASAMBLEA PROVINCIAL,
JUNIO DEL 2006.

Día 28, miércoles.

La verdad es que el día amaneció nubladillo. Nublado el cielo de Barcelona, y nublado el rostro y el espíritu de los asambleístas, porque la derrota de España deja una mal sabor de boca. Aunque la verdad tiene nada de “fanático futbolero”, y por tanto nubarrones no dejó.

El ambiente de hoy estaba preparado para dar la pelea, ir a la confrontación, y perderse en la discusión. Pelea, confrontación y discusión que es una manera de hablar, porque con este “exacerbado espíritu opositor” que inunda a los asambleístas no se llega ni a la acera de enfrente. Vamos, que es una manera de decir que hoy comenzaron a discutirse los temas, las proposiciones y las conclusiones. Hoy fue un día para expresar la conformidad o la disconformidad.
La sesión de la mañana se abrió con la notificación de una serie de  adhesiones, de las que se resaltó la del Visitador de Madrid; la de Covide- Amve; la de Covidec. Se le envió, a su vez, un saludos a la Asamblea de Zaragoza, que también esta reunida en estas mismas fechas.

Comenzó la sesión de la mañana con una lectura de la Regla de San Benito sobre el cuidado de los enfermos. Lo más sobresaliente, es que está escrita en el s. V, porque lo que termina diciendo no es distinto de lo que nos ha legado san Vicente. Pero sirvió de ambientación, ya que hoy se iba a concluir la sesión sobre el cuidado de los PP. Mayores y los Enfermos, que ayer se vio interrumpida.

Amplio, el debate, redundante, repetitivo. Era un volver sobre lo mismo, con unos detalles que ya estaban suficientemente claros; pero como es un tema muy sensible, gustaba volver y aclarar y reafirmar.

En líneas generales la asamblea se decanta por preparar una residencia geriátrica para los P. Mayores y los Enfermos. Que sea aquí en Provenza; que se adapte a las exigencias técnicas; que se  dote de personal especializado para su atención.

Lo importante es que los Misioneros Mayores y Enfermos se sientan unidos  a la comunidad; que estén bien atendidos; que tengan la posibilidad de mantener la cercanía con los otros misioneros; que haya la posibilidad de poder atender a los familiares que vengan a verlo.

Se insistió repetidamente en que permanezcan en cada comunidad  hasta donde sea posible, porque todos prefieren el calor de su propia   residencia. “Como la casa de uno no hay” le decía la viejita al sacerdote que la animaba en el momento de la agonía porque iba a la “Casa del Padre”. Y  por eso se insistía en que todas las casas deben ir adaptando espacios y dando posibilidades para que se le haga fácil la vida en sus propias casas.

No se olvidó, por supuesto que no, que la cercanía del misionero a su propio entorno y a su propia familia ha de ser algo a tener muy presente. Pero tal vez en este momento, más que nunca, cada uno es cada uno; y tiene su propia forma de ser, la que es necesario respetar.

Un detalle que no se debe ignorar es ofrecerle al P. que se ha hecho “mayor” o está “enfermo”, la posibilidad de alguna actividad pastoral que él quiera y pueda asumir, y por lo menos que pueda unirse a alguno de los sacerdotes para la Concelebración en la misma Parroquia, si él lo quiere así.

En esta incesante lluvia de ideas, que más parecía chaparrón de verano, siempre nos queda abierto el ofrecimiento de las Hijas de la Caridad a mantener unas habitaciones disponibles en la nueva residencia de María Reina, a donde se va a trasladar la residencia de Vallvidrera.

La movida llego por la tarde. Movida por eso de levantar la mano;  de estar de acuerdo o desacuerdo; del contar votos; del si y del no.

Se presentaron las dos actas de las sesiones de ayer. Hubo el espacio necesario para la lectura; se procedió a las observaciones y se terminó aprobándolas.

La Comisión sobre el cuidado de los PP Mayores y los Enfermos se adelantó a la demás. Aquí corrieron a la vez, pero ellos llegaron primero. Presentaron su proposición y se pidió el consentimiento; y aunque había quienes hubieran querido que algún detalle más quedara especificado, se consideró que el tema debatido a la mañana estaba suficientemente expresado en la propuesta. Por eso se procedió a la votación. El resultado fue un rotundo aceptado.

Ahora que ya se le ha cogido el truco a las cosas, todo camina sobre ruedas. Y de inmediato la Comisión de Revisión de Normas y de Postulados tomó la palabra. Y como los detalles eran numerosos y la propuestas abundantes, el salón casi se convierte en moderado gimnasio para personas mayores, porque los jóvenes, los que se dicen jóvenes, ya casi pueden entrar en el club sin desentonar. Lo digo porque esta fue la sesión de levantar la mano. No, no es que nadie añorara aquello de “cara al sol”, pero levantar la mano, vaya que se levantó. “Los que estén de acuerdo alcen la mano”. “Que se exprese con la señal de costumbre”. “Votos a favor alcen la mano”. Lo que les decía, un camuflado gimnasio para personas adentradas en años.

Se recogieron sugerencias, se hicieron propuestas, se buscaron formas alternas de redacción, que serán incorporadas a la nueva propuesta,  pero lo básico ya está votado.

Y por aquello de que “por el hilo se saca el ovillo”, eso llevó a hacer, de inmediato, la elección de  los dos nuevos Consejeros del Visitador que debe votar la Asamblea.

Es lo que tienen las Asambleas, que llegan momentos densos, lentos, fastidiosos. Y tal vez ese momento estrella sean las votaciones. El “Primer Consejero” que salió a la segunda por mayoría absoluta, fue el P. José Ignacio Caamaño, y que fue la más rápida; todos los demás hubieron de ser votados dos y tres veces. El P. Emilio Delgado hubo de ser votado tres veces y accedió a “Segundo Consejero” por “mayoría de vocación”, ya que  terminó empatado con el Hno. Paco Berbegal. El Hno. Paco Berbegal fue elegido por mayoría en la segunda votación, como “Primer Sustituto del Consejero”. El P. José Miguel salió a la primera por mayoría para “Segundo Sustituto”.

Y después de tantas votaciones y tantas alzadas de mano y tanto estar de acuerdo, se puso punto final a las sesiones de este día para ir a la Eucaristía, Víspera de la Festividad de San Pedro.

                                                                                  P. Aser Ansia, c.m.