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Asociación de la Medalla Milagrosa |
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El Mensaje de la MedallaEl Mensaje Santa Catalina vio un cuadro que representaba a la Virgen, en pie, y extendiendo los brazos hacia abajo. De sus manos salían como una especia de haces de rayos de un resplandor deslumbrante. La Hermana oyó una voz: - Estos rayos son símbolos de las gracias que María alcanza a los hombres, de Cristo mediador y Salvador. Alrededor del cuadro se leía: "¡Oh María sin pecado concebida! Ruega por nosotros que recurrimos a Tí!" Haz acuñar una medalla según este modelo. Las personas que la lleven bendecida y que recen con piedad esta breve oración, gozarán de una protección muy especial de la Madre de Dios. Catalina Labouré nació el 2 de mayo de 1806 en el pueblecito francés de Fains-le-Moutiers. A los nueve años quedó huérfana de madre.Desde entonces se dedicó a los quehaceres domésticos y a cuidar la pequeña granja familiar. Cumplidos los 18 años, asistió a clases en un pensionado y adquirió una cultura elemental. El 21 de abril de 1830 ingresa en el seminario de las Hijas de la Caridad, en París. Terminado el tiempo de prueba fue destinada, en febrero de 1831, al hospicio de Enghien. Allí vivió su consagración a Dios, mediante el servicio a los pobres. Confirmó su consagración a Dios con los Votos de Hija de la Caridad. Los hizo por primera vez el 3 de mayo del año 1835 y luego cada año, con todas las Hijas de la Caridad en la fiesta de la Encarnación.. Y en ese hospicio vivió, oculta en un silencio humilde y tranquilo, hasta que Dios la llamó a su gloria, el día 31 de diciembre de 1876. Nadie supo, durante su vida, que ella había sido la vidente de la Virgen de la Medalla. El Papa Pío XII, en la homilía de la canonización de Santa Catalina Labouré, el día 27 de julio de 1947, dijo: "Nos parecen dignas de la mayor admiración las virtudes de esta virgen vicenciana. Sobresale por el amor a la humildad cristiana y por la sencillez de su vida. Nunca rehusó atender a los enfermos, servir a los ancianos, atender a la portería, zurcir las ropas gastadas, dedicarse a cualquier clase de ministerio por bajo y pesado que fuera." Al recordar a la vidente de la Virgen, Santa Catalina Labouré, debemos esforzarnos en imitar sus virtudes y su fidelidad a la Virgen María. (En el artículo precedente pueden incluirse la imagen AMM1 o AMM2) La Medalla tiene signos e imágenes que se complementan armónicamente y nos dan una idea exacta de la historia de María en el plan salvífico de Dios. * La jaculatoria "¡Oh María, sin pecado concebida, ruega por nosotros que recurrimos a Ti" Nos recuerda la Concepción Inmaculada de María, preparación a su divina maternidad. Nos exhorta a la oración humilde y confiada. * La imagen con las manos extendidas hacia el mundo y los rayos de luz. La misma Virgen dijo que significaban las gracias que derrama sobre quienes las piden. Es, además, un símbolo de apertura y acogida a todos. * La letra M y la cruz Significan la estrecha unión entre María y Jesús. Por la maternidad y por la cooperación en la Pasión de su Hijo.
" El P. Aladel, confesor de Catalina Labouré y encargado de hacer acuñar la Medalla, habló sobre el asunto con el arzobispo de París, Mons. Quelen. Este autorizó que se acuñase la Medalla, para honrar a la Virgen María y despertar la piedad de los fieles. Y desde 1832, millones y millones de medallas han sido repartidas entre los fieles. El pueblo cristiano recibió la Medalla con entusiasmo, con fe y con devoción. Y las gracias de la Virgen, tanto en el orden espiritual como en el orden material, fueron tantas y de tal magnitud que el pueblo comenzó a llamar la Medalla, Medalla Milagrosa. La Iglesia había concedido, en 1894, que se celebrase una fiesta litúrgica para conmemorar la aparición de la Sagrada Medalla. El 11 de febrero de 1896, el P. Antonio Fiat, Superior General de los PP. Paúles, solicitó al Papa León XIII que concediera su beneplácito para la coronación canónica de la imagen de la Virgen que reproducía la imagen de la Medalla y se veneraba en el lugar mismo de la aparición. El Santo Padre accedió gustoso y delegó al Arzobispo de París, cardenal Francisco Richar, para que procediera al acto de la coronación. Este solemnísimo rito se celebró el 26 de junio de 1897, en la capilla de las Hijas de la Caridad, lugar de las apariciones. La Iglesia ama a María como MADRE. Llevar su Medalla es acogerse a su amor.
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