Durante los pasados 16 y 17 de septiembre, la residencia María Reina de Zaragoza acogió el Encuentro Regional anual de la Asociación Internacional de Caridad (AIC).
La acogida, como siempre, fue fraternal. Ya desde la ambientación del salón, con la casa natal de San Vicente como trasfondo, haciéndonos una llamada a ir siempre más allá de nosotros mismos. Una casa que, al observarla hoy nosotros, invita a recogerse allí. Sin embargo, San Vicente no se quedó dentro. Supo mirar hacia el horizonte, observar el mundo, comprometiéndose con la historia de su tiempo, y en especial con las historias de los más pobres.
Tanto las ponencias, como los distintos diálogos abiertos con los ponentes, y las sesiones de trabajo en grupo, sirvieron como ambientación, desde un espacio de reflexión orientado al objetivo de este encuentro, que no es sino la renovación del compromiso que cada año hace el voluntariado vicenciano de la Caridad, hecho efectivo en la Eucaristía con la que se puso fin a las jornadas.
Tras el saludo de la Delegada Regional, la presidenta Diocesana y la presidenta Nacional de AIC, el P. Ángel Pascual se encargó de la primera ponencia, la lectura de la Encíclica Deus charitas est-Dios es amor por parte de un vicenciano. La primera encíclica escrita por el Papa Benedícto XVI, y comienza con las siguientes palabras "Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él" (Un 4.16). Palabras que, según el P. Ángel, expresan claramente el corazón de la fe cristiana, y son, al mismo tiempo, el carácter de la familia vicenciana, que ha heredado de sus fundadores el carisma de la caridad como identidad esencial. Así, San miente afirmó que "la caridad es la marca infalible de los verdaderos hijos de Dios". El mismo Benedicto XVI cita a San Vicente de Paúl y Luisa de Marillac, que aún hoy son modelos insignes de caridad social para todos los hombres de buena voluntad.
En este contexto en el que la caridad se erige en tarea fundamental de la iglesia, encontramos, explicó el P. Ángel Pascual, el perfil de la caridad cristiana. que es "ante todo y simplemente la respuesta a una necesidad". Una necesidad que, para ser respondida, precisa de nuestro servido, pero un servido que "debe ser ofrecido por personas competentes profesionalmente", de ahí la necesidad de la formación. Pero los pobres "necesitan algo más que una atención técnicamente correcta, necesitan humanidad". La actividad caritativa ha de ser independiente y la preocupación por la persona integral, como bien nos lo recomendaba San Vicente, corporal y espiritualmente, esté es el sello carismático del voluntariado vicenciano.
La ponencia ¿Quiénes somos?, por parte de Carmen Gómez, la presidenta Nacional, sirvió para ratificar aún más la identidad del voluntariado de AIC.
Desde está óptica de la urgencia de la Caridad Sor Presentación Urricelqui nos animo a vivir la Misión compartida, desde la alegría de servir, comunicándonos la rica experiencia del último encuentro de visitadoras de todo el mundo celebrado en París. Nos invito "a mirar más allá del camino recomido" a ser conscientes de nuestra pertenencia a una familia internacional, que nos urge a vivir la comunión, a compartir con los más pobres todos nuestros recursos, humanos y materiales. El problema del hambre, señalo, está presente en muchos lugares donde se encuentran muchos de los miembros de nuestras asociaciones. Seamos corresponsables con nuestros hermanos, nos une un mismo carisma, un mismo espíritu de servicio a pesar de la pluralidad de culturas y costumbres, no olvidemos lo que A.I.C. tanto no recuerda a toda la familia" juntos Contra la pobreza".
Los jóvenes de Juventudes Marianas Vicencianas del Centro del Carmen y San José de Zaragoza, nos ofrecieron una completa información de J.M.V. los orígenes, el proceso catecumenal, las actividades más significativas, y los deseos de servir a los más pobres como familia vicenciana.
Carlos Ortega Pérez , Psicólogo, Consultor Europeo de formación, nos ofreció unas herramientas prácticas para ir logrando poco a poco una convivencia multicultural, considerando la educación como una de las claves mas necesarias. El dialogo abierto entre unos y otros se hace necesario para depurar intereses propios. No podemos sobrevivir unos a costa de otros, se trata de convivir.
Como buen final, dos experiencias de servido vicenciano. Sor Visitación Sola, desde su trabajo en Manos Abiertas, programa especifico para emigrantes, nos adentro en toda está problemática y nos presento la respuesta socio-pastoral al servido de los emigrantes que llegan a Pamplona.
Sor Juana María Belzunegui, desde un centro educativo multicultural El Carmen y San José. Nos enseño a orar desde la realidad diversa, desde la apertura de la fe a los otros, dentro de la diferencia; nos transmitió su profunda experiencia de fe haciendo del servido oración y de la oración servicio.. reconociendo en el rostro de cada niño, a un hijo de Dios, a un hermano, "llamarlos por su nombre" es colaborar en el Plan salvador del Dios de Jesucristo que nos llama en comunión con los otros para vivir en familia universal..
Sor María Donat