La SSVP en España
 

La Sociedad de San Vicente de Paúl fue fundada hace 168 años por un L grupo de laicos, jóvenes amigos, que bajo la inspiración del Espíritu Santo y el liderazgo de Federico Ozanam, fundaron una sociedad para fortalecerse comunitariamente en su fe, servir a la verdad de la Iglesia y darse en caridad a los más pobres de sus hermanos. Sirviendo fielmente a la Iglesia y preservando su estado laical, tanto institucional como la de sus miembros.

Durante todos estos años, la Sociedad ha presenciado diferentes y profundos cambios políticos y sociales. Dos terribles guerras han asolado al mundo. Un nuevo sistema político, se implantó y suplantó la esperanza de muchos en el reino de Dios por la del reino de los hombres. "Hombres justos", capaces de repartir la riqueza, de erradicar la pobreza, desde un Estado omnipotente que se desveló con el tiempo y con la caída del muro en un estado tiránico y totalizador. La utopía había terminado. Y el sistema oponente quedaba libre para, sin competidor, imponer asimismo sus reglas del juego. Unas reglas del juego duras, competitivas, en las que muchos quedan al margen. Otros países de otras latitudes. de otros continentes, sufren dictaduras, pobreza, porque aunque este último año se haya incrementado el PI.B. de algunos de estos países, ese incremento ha quedado en las manos de la oligarquía. Y los pobres han seguido estando, siempre, en todos estos años y en todos los continentes. A ellos ha dedicado su mayor esfuerzo la Sociedad de San Vicente; a ellos ha servido, sigue sirviendo y servirá si Dios lo permite. La Sociedad de San Vicente se extendió pronto por todo el mundo; causas humanas como el regreso de los jóvenes estudiantes a las diferentes provincias francesas y la DivinaProvidencia, hicieron que se expandiera en pocos años por todo el mundo, estando instalada hoy en 132 países con cerca de 900.000 socios.

A España llegó de la mano de un músico, don Santiago Masarnau Fernández, quien perteneció en París a la Conferencia San Luis d'Antin, de la que fue tesorero. Cuando llegó a España, requerido por su hermano para trabajar en el colegio que éste había fundado, sus compañeros franceses le instaron desde allí a fundar la S.S.VP en nuestro país. Él se mostraba renuente a esta petición, pero la insistencia era tanta que, por fin, el 11 de noviembre de 1849 él mismo, junto a dos profesores más, don Vicente de la Fuente y don Anselmo Ouradou, creaban en Madrid, en la Iglesia de San Sebastián, la primera Conferencia. En marzo de 1850 se constituyó el Consejo Superior de España, recibiendo este mismo año la aprobación eclesiástica y, en el 1851, la civil de parte del Ministerio de Gracia y Justicia. La Sociedad de San Vicente de Paúl en España empieza, al igual que la francesa, a extenderse por todo nuestro país. En el año 1855, 40 Conferencias forman el Consejo entonces llamado Superior de España.
Además de la visita domiciliaria, obra propia de la Sociedad y característica del siglo XIX, la Sociedad visita asimismo cárceles y hospitales y trabaja y atiende escuelas de niños, roperos, regularización de matrimonios, talleres, cocina económica...

En el año de 1867 la Sociedad en España la componían 694 Conferencias repartidas en 46 Consejos con casi 20.000 miembros, en las siguientes categorías: activos, honorarios, suscriptores, bienhechores y aspirantes.

La historia política y social interviene a lo largo de estos años y hasta nuestros días en la Sociedad de San Vicente y, según esto, en el año 1868 y fruto del movimiento revolucionario llamado "La Gloriosa", la Sociedad es suprimida por un decreto del Ministro de Gracia y Justicia. Con la restauración de la monarquía en el año 1875, la Sociedad queda de nuevo restablecida. Y con altibajos sigue su camino hasta hoy. La guerra civil supone una catástrofe para todos los españoles y también para la Sociedad, la cual pierde en ella socios, archivos y papeles de gran valor a la hora de poder recomponer su historia.
La creación de Caritas y el surgimiento de numerosas ONG, junto al ejercicio de una caridad practicada en la humildad y en el seguimiento de la obediencia evangélica "que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha" (Mt. 6,3), ha hecho que la Sociedad viva en este momento un cuasi anonimato injusto desde el punto de vista de la obra social y atención a personas en necesidad que está llevando a cabo. En este momento, en nuestro país, la Sociedad tiene obras sociales propias como son: residencias de ancianos, comedores para niños y comedores para transeúntes, albergues, talleres para niños y mujeres en exclusión, clases de apoyo a escolares, de cocina, corte y confección, un centro para ex toxicómanos, una casa de acogida para enfermos de sida, roperos, bancos de alimentos y atiende a inmigrantes, familias y personas en necesidad. Hoy la Sociedad de San Vicente de Paúl en España la componen 4.000 socios activos, y 25.000 bienhechores y voluntarios, que se agrupan en Conferencias en casi todas las provincias de España.

Dos retos se plantea en este momento la Sociedad de San Vicente de Paúl: salir del anonimato, siguiendo las palabras de Ozanam, quien en uno de sus textos nos dice que "la Sociedad no debe hacerse ver, sino dejarse ver", y ofrecer así a los fieles laicos un espacio donde puedan desarrollar su vocación de amor a Dios y a los pobres.
Y en segundo lugar, fieles a sus fundadores en filosofía y doctrina, pero como hombres y mujeres del siglo XXI, afrontar desde el conocimiento las "nuevas pobrezas" que emergen y van cronificándose poco a poco en nuestra sociedad, a la vez que debe ir adaptando sus medios de acción, y sus respuestas a estas nuevas pobrezas.
Sin olvidar en ningún momento la dimensión de vida espiritual y de fe de cada uno de sus socios y de la propia Institución.

De un artículo de Mª LUISA TÉLLEZ ALVAREZ ,Directora Centro de Estudios Sociedad San Vicente de Paúl, en Anales de la C.M., MAYO-JUNIO,2001

 
Una reseña de actualidad

No hay obra de caridad ajena
a la Sociedad de San Vicente de Paúl

Decía Masarnau...

Escribía el mismo Santiago Masarnau, en una primera etapa de las conferencias vicentinas, que "las obras especiales no son necesarias: la conferencia que cumpla con esmero la obra ordinaria de la visita al pobre, puede producir un bien incalculable con el auxilio de la gracia, pero también es cierto que si se le presenta la ocasión de emprender alguna obra especial no debe dejar de hacerlo por incuria. Al visitar al pobre en su propia casa y manifestarle por este sólo hecho que reconocemos en él un mismo origen, nuestro entendimiento se ilustra y nuestro corazón se abre a la piedad". Hablamos de 1858. Además de esas visitas, la Sociedad puso primero en marcha asilos para niños, bibliotecas y cajas de ahorros. Con ellas, muchos pobres pudieron pagar sus alquileres. En Madrid se abrió la primera "cocina económica", cocina que distribuía raciones de "excelente potaje", cocido, legumbres, chocolate y libras de pan. La segunda etapa de la Sociedad (lega en los albores de la Guerra Civil. Se resiente de cierta decadencia, pero las obras siguen adelante. Ya en los últimos períodos es cuando se inauguran las residencias de ancianos, los centros socioculturales de apoyo a los estudios y tiempo libre, los albergues para transeúntes, para enfermos de sida y toxicómanos, los roperos y los bancos de alimentos. Ninguna obra de caridad les es ajena. Así lo dicen y así lo demuestran.

Ayuda sin preguntas:

La Casa Azul está en el tercer piso de una finca de la calle San Pedro, en pleno barrio madrileño de Lavapiés. Es un piso normal, como cualquier otro de la zona. Pero la "familia" que lo habita es más peculiar de lo que pudiera serlo otra. En la Casa Azul conviven seis enfermos terminales de sida. Quienes les mantienen y cuidan no les han preguntado de dónde vienen o por qué están donde están, y como están. Quienes miran por ellos y les procuran medicamentos, alimentos, ropa, asesoramiento legal, una seguridad, en fin, en todos los sentidos, actúan gratuitamente y sin explicar tampoco los motivos de esa colaboración. Los atiende una conferencia de San Vicente de Paúl. "una asociación que existe y trabaja en España desde 1949", explica María Luisa Téllez, directora de Formación y Publicaciones. "Somos 25.000 voluntarios y 4.000 miembros, agrupados en organizaciones de base a las que llamamos también `conferencias'. Hay un total de 321 grupos. Nos vincula un proyecto de ayuda social, de colaboración". Como el de la Casa Azul, o una residencia de ancianos en Huesca, u otra residencia con acceso preferencial para mayores desfavorecidos económica y socialmente en Madrid ...Y así, cientos de proyectos que implican a un millón de personas en 132 países.
Las visitas a domicilios, desde antaño, son la forma de atención característica y esencial de la Sociedad. Sin embargo, ninguna forma de colaboración se discrimina. Así lo dice el artículo 4 de su Estatuto, como apunta María Luisa: "Una de las claves de la Sociedad que quiso fundar Santiago Masarnau siguiendo el ejemplo de Federico Ozanam se refiere precisamente a eso. A que no hay "obra de caridad ajena a las conferencias". Desde obras en favor de la infancia y la juventud, escuelas y talleres ocupacionales, comedores y roperos para personas sin hogar... en países como puede ser el nuestro. O "bancos de cabras", en los que se "prestan" dichos animales para procurar el sustento de familias alrededor de las cuales rolan los animales, de los que sería irrisorio hablar aquí pero no en África".
Pero si las visitas a los hogares son especialmente consideradas no es sino porque su acción, en resumen, pretende prestar ayuda para que, por un contacto persona a persona, se trate de aliviar el sufrimiento y de promover la integridad y la dignidad humana.
Las distintas áreas de trabajo pueden agruparse en tercera edad, infancia y juventud, drogodependencias y sida, familias, visita domiciliaria, transeúntes, enfermos, reclusos, inmigrantes y minorías étnicas.
María Luisa Téllez, directora de Formación y Publicaciones

Caridad Organizada


Caridad Organizada

Las personas que conforman la Sociedad son conscientes de que hablar de "caridad" hoy puede sonar a obsoleto, a caduco, a pasado. Y que practicar la "caridad organizada", como dicen que practican, puede llevar a la confusión total. "Pero a lo que venimos a referirnos es a una forma de colaboración tan altruista como realista. Ni tenemos presupuestos elevados ni proyectos de gran magnitud ni nada de ese estilo. Nos llega noticia de un caso que requiere ayuda, y ahí vamos. Y permanecemos hasta el final", asegura la recientemente elegida presidenta de la Sociedad a nivel nacional, Concepción de Tuero Álvarez. Una muestra más de ese espíritu sencillo y práctico que caracteriza las actuaciones de las conferencias. Y son conscientes, también, de que han de vencer esa rancia imagen decimonónica, alimentada incluso por escritores como Benito Pérez Galdós o Pío Baroja, de asociación de personas de "buena posición" que lavaban su conciencia a través de una puntual actuación de caridad. Actualmente, lo que prima es el trabajo diario, el contacto real con las personas necesitadas. "La base de nuestro carisma social está en el contacto personal con el que sufre y, a través del mismo, en compartir su dolor", explica el antiguo presidente José Ramón Díaz-Torremocha. Concepción del Tuero Alvarez, Presidenta Nacional de la SSVP



Los cambios en la sociedad han provocado transformaciones, además de en las formas de ayuda, en la apertura y modernización que ahora determinan su discurrir. En el ecumenismo, incluso. "Durante años estuvimos separados los hombres de las mujeres. Yo soy la primera mujer presidenta. Queremos incorporar a cuantos más jóvenes mejor, y se estudia la inclusión de personas de otras creencias", continúa la presidenta. "Otro de los rasgos que caracteriza al espíritu vicentino es que prioriza el que cada persona dé de sí lo que pueda y quiera ante rigideces horarias o de obligaciones. Igual que no preguntamos quién llega, tampoco quién está", comenta María Luisa. Es en esa libertad donde debemos demostrar nuestros compromisos y responsabilidades. Para acabar dándonos cuenta de que, paradojas de la vida, es casi más la ayuda, el consuelo, la recompensa que recibe el que presta la atención que el que la acaba recibiendo. "Un día acudí junto a una compañera a la casa de una anciana. Estaba convenida la visita, nos esperaba. Llamamos, pero no abría. Al rato, por fin, abrió a gatas, arrastrándose porque no podía enderezarse. El desvalimiento absoluto. Le hicimos la comida, le limpiamos la casa", cuenta emocionada Concepción. "Eso me hizo más presente que nunca que tenemos que dar gracias por las muchas cosas que tenemos, que nos han sido dadas. Y que es por eso por lo que debemos interpelamos y buscar dentro de nosotros la necesidad de hacer algo por el prójimo". En La Rioja, las "conferencias" han puesto en marcha una serie de talleres para enseñar a niños gitanos y payos a bailar flamenco. Primero, para que comprendan qué es la integración y, después, para que, sabiendo bailar y tocar la guitarra, puedan hacerse unas `cuevas' y allí se ganen la vida tocando y bailando".

En Salamanca, el Centro Ozanam da clases de apoyo escolar y facilita ayudas económicas a familias sin recursos. En León, otro Centro palia las necesidades de alimentación a niños de 3 a 16 años cuyas familias tienen escasos recursos, fomenta su escolarización, ocupa su ocio y tiempo libre... En Cáceres hay un Centro de ayuda al toxicómano cuyo objetivo es su reinserción total, su promoción educativa y laboral, la resolución de sus problemas con la justicia, la búsqueda de estabilidad emocional... En Tenerife hay seis apartamentos para alojar a jóvenes sin posibilidades económicas mientras los ayuntamientos les tramitan la concesión de una vivienda. Hubo un tiempo en que la Sociedad se sintió retada a demostrar su cristianismo con sus obras. Y aceptaron el reto.

Centro Ozanam

Henar L. Senovilla. Fotos: Luis Medina
Tomado de Vida Nueva 10 de marzo de 2001